La desaparición de las jugueterías y fábricas de juguetes pone en riesgo la imaginación de los niños

El impacto social del cierre de jugueterías y fabricantes de juguetes.

Para Nathalie Rodríguez Rojas, Doctora en Psicología y especialista en juego, cerrar estos espacios no es sólo un hecho comercial: es un problema cultural que limita la creatividad de los futuros adultos.

Las jugueterías no son simples tiendas; son laboratorios de pensamiento donde niños y niñas
aprenden a imaginar, crear y comprender el mundo jugando. Su desaparición, según Rodríguez,
empobrece la capacidad de innovación y empatía de los adultos que esos niños serán mañana.

“El juego libre no es un pasatiempo, sino el primer ensayo, el primer idioma del pensamiento; cuando se
silencia, la sociedad entera se empobrece”, señala la experta.

Cuando se extingue, se apaga también la posibilidad de una sociedad más creativa, empática y libre. La
crisis del sector no es sólo la comercial. Los fabricantes de juguetes tradicionales desaparecen o
se reconvierten hacia productos para mascotas.

Junto a ellos se desvanece uno de los pocos lugares donde la imaginación seguía teniendo casa. No es
solo el cierre de una industria o comercio: es la pérdida de un territorio simbólico donde los niños
jugaban a entender la vida.

Quizá la verdadera pregunta no sea cuántas jugueterías quedan, sino qué quedará de nosotros cuando los niños y niñas dejen de jugar.

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