Entrenamiento visual: cuando ver bien no es suficiente

Nuestra colaboradora Ana Vicente, óptico optometrista de Vicente Visión, nos trae una nueva entrega sobre salud visual infantil. Si en su primer artículo nos habló del impacto de las pantallas en la visión de los más pequeños y de hábitos para proteger sus ojos, esta vez profundiza en un concepto que muchas familias desconocen: la eficiencia visual. Porque, como ella nos explica, no basta con ver las letras de lejos; lo importante es que esa visión sea cómoda, sostenida y sin esfuerzo excesivo.

Ver bien y ver con comodidad no son lo mismo

Cuando hablamos de salud visual solemos pensar en la revisión clásica: ¿ves las letras de la última fila? Sin embargo, esa prueba solo mide la cantidad de visión, es decir, cuánto alcanzamos a ver a una distancia determinada. Y eso, aunque es importante, no lo dice todo.

También cuenta la calidad de esa visión: que sea cómoda, que se mantenga a lo largo del día y que no provoque fatiga, dolores de cabeza, enrojecimiento ni lagrimeo. Un niño o una niña puede ver el 100% en un test y, aun así, cansarse en exceso al leer, perder la concentración en clase o quejarse de visión borrosa al final de la jornada.

Son situaciones más frecuentes de lo que parece, especialmente tras largas sesiones frente a pantallas, muchas horas de visión de cerca o cambios de graduación. Y a menudo pasan desapercibidas porque, en apariencia, el peque ve bien.

¿Qué se evalúa más allá de la graduación?

Cuando estos síntomas aparecen, conviene hacer una evaluación optométrica completa que vaya más allá de mirar si necesita gafas. Se revisan funciones como:

  • Acomodación: la capacidad de enfocar con precisión a distintas distancias.
  • Vergencias: cómo coordinan ambos ojos los cambios de lejos a cerca y viceversa.
  • Motilidad ocular: el movimiento controlado de la musculatura de los ojos.
  • Seguimientos: los movimientos suaves que hacemos al seguir un objeto en movimiento.
  • Sacádicos: los saltos rápidos de la mirada, fundamentales en la lectura.

Esta evaluación comienza en el gabinete con pruebas clásicas y puede complementarse con tecnología específica como el sistema WIVI, que en apenas 10 minutos mide de forma objetiva decenas de parámetros visuales. La ventaja es que los resultados son medibles, comparables y permiten hacer un seguimiento real de la evolución.

En nuestro gabinete trabajamos con WIVI y puedes pedir cita para tus peques. Te contamos un poco más.

¿Qué es WIVI y cómo funciona?

WIVI es un equipo de origen español, clasificado como producto sanitario de Clase Médica I, que utiliza inteligencia artificial y tecnología 3D para evaluar y entrenar la función visual. Cuenta con el respaldo de entidades como IBM, EIT Health y el CDTI, entre otras.

En la práctica, funciona como una especie de videojuego clínico: el usuario realiza ejercicios visuales en un entorno 3D inmersivo mientras el sistema mide su respuesta y adapta la dificultad en tiempo real. Las sesiones duran unos 20 minutos y, según la información clínica del fabricante, los programas de entrenamiento se completan en un plazo de entre mes y medio y tres meses.

Para los niños y niñas, el formato de juego tiene una ventaja añadida: es mucho más motivador que la terapia visual tradicional, lo que facilita la constancia en el tratamiento.

WIBI

En el ámbito escolar: cuando la visión frena el aprendizaje

Se estima que alrededor del 80% de la información que un niño recibe en el aula llega a través de la visión. Cuando el sistema visual no funciona de forma eficiente, el esfuerzo extra que necesita para procesar esa información resta recursos a la comprensión, la atención y la memoria.

Hay niños que se saltan líneas al leer, que se acercan mucho al papel, que giran la cabeza para mirar la pizarra o que pierden la concentración enseguida. A veces se interpreta como falta de interés, como un posible TDAH o como dificultades de aprendizaje, cuando en realidad el origen está en una disfunción visual que no se ha detectado.

Señales que pueden alertarnos como familias o educadores:

  • Fatiga visual o quejas frecuentes de cansancio al leer o estudiar.
  • Dolores de cabeza recurrentes, especialmente tras tareas de cerca.
  • Distancias muy cortas para leer o dibujar.
  • Dificultad para copiar de la pizarra o cambiar de lejos a cerca.
  • Períodos de atención muy cortos en tareas visuales.
  • Comprensión lectora por debajo de lo esperable para su edad.
  • Parpadeo excesivo, picor o enrojecimiento de ojos.

Un programa de entrenamiento visual personalizado puede mejorar estas habilidades y, con ello, facilitar el rendimiento académico de forma tangible.

Y en el deporte: la visión también se entrena

El entrenamiento visual no se limita al ámbito académico. En la práctica deportiva, el sistema visual es fundamental para procesar con rapidez la posición del balón, anticipar jugadas, calcular distancias o reaccionar ante estímulos.

A veces, un deportista joven tiene la técnica y la condición física pero no termina de rendir como se espera. Las dificultades para seguir objetos en movimiento, la visión borrosa intermitente o los problemas para calcular profundidades pueden estar detrás de ese rendimiento inferior. Y en muchos casos, ni el deportista ni su entrenador relacionan esas dificultades con la visión.

Trabajar habilidades como los tiempos de reacción visual, la coordinación visomotora o la automatización visual puede marcar diferencias reales. Es un ámbito en el que cada vez hay más evidencia y más interés por parte de clubes y equipos.

Otros ámbitos de aplicación

Además de la mejora del rendimiento escolar y deportivo, el entrenamiento visual puede ser útil en otras situaciones que afectan a la comodidad visual del día a día:

  • Síndrome visual informático: para quienes pasan muchas horas ante pantallas y acumulan fatiga, borrosidad y molestias oculares.
  • Velocidad y comprensión lectora: trabajando las habilidades oculomotoras implicadas en la lectura.
  • Adaptación a lentes progresivas: facilitando la transición y reduciendo las molestias iniciales.

Prevenir es más fácil que corregir

El mensaje principal de Ana en esta segunda entrega es claro: ver bien no siempre significa ver con comodidad. Y cuando un niño o niña muestra síntomas como los que hemos descrito, merece la pena ir más allá de la revisión rutinaria y explorar la eficiencia de su sistema visual.

Hoy existen herramientas que permiten evaluar y entrenar esas habilidades de forma objetiva y, en el caso de equipos como WIVI, de manera atractiva para los más pequeños. No se trata de alarmarse, sino de saber que hay opciones cuando algo no funciona del todo bien.

Si tu hijo o hija presenta alguno de estos síntomas, la recomendación es consultar con un óptico optometrista especializado que pueda hacer una valoración completa de su función visual.

— Puedes leer también otro artículo de Ana aquí::

La vista de los más pequeños y el reto de las pantallas: claves de salud visual

¿Quieres saber más o pedir cita?

Si reconoces alguna de estas señales en tu hijo o hija, o simplemente quieres comprobar que su sistema visual funciona de forma eficiente, puedes pedir cita con Ana Vicente para una valoración optométrica completa. En Vicente Visión cuentan con el equipo WIVI para evaluación y entrenamiento visual, además de todos los servicios de optometría pediátrica.

Además, si agendas cita hasta el 20 de abril, si tienes nuestro carnet Familia Con peques en Zaragoza, tienes esta primera cita gratuita.

Centro Óptico Vicente – Zaragoza 📍 Av. Fco. de Goya, 25, 50006 Zaragoza 📞 976 37 49 83 🕐 L-V 09:30-13:00 y 16:30-20:00 | Sábados 09:30-13:00

Centro Óptico Vicente – Tarazona 📍 C. Visconti, 13, 50500 Tarazona 📞 976 64 09 31 🕐 L-V 10:00-13:30 y 17:00-20:30 | Sábados 10:00-13:30

🌐 Web: vicentevision.com · También puedes pedir cita directamente desde su web.

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