A.F.T
Si tenéis peques mayores o adolescentes en casa, o si pasáis un rato por TikTok, es probable que ya os hayáis cruzado con ellos: pequeños dramas protagonizados por una fresa que engaña a un plátano, un tomate al que despiden del trabajo o una sandía que roba el novio a una pera. Las frutinovelas o frutas infieles. Millones de visualizaciones, estética inocente (pero fea, terriblemente fea), storylines absurdas y un formato pensado para enganchar scroll tras scroll.
La mayoría de estos vídeos son solo eso, entretenimiento intrascendente generado con inteligencia artificial destinado a generar visualizaciones e ingresos robando nuestra atención y la de los más jóvenes. Incluso hay tutoriales para crearlos de forma rápida, con lo que se están multiplicando. El problema es que se ha detectado que algunos de esos mismos personajes tan «monos» (yo los veo horribles y cero estéticos, se nota que no están hechos por alguien que sabe) están protagonizando ahora contenido mucho más oscuro.
Primero, dos palabras que conviene conocer
«AI slop» (algo así como «basura de IA«) es el nombre que se le da a la producción masiva de contenido de baja calidad generado con inteligencia artificial y con mínima intervención humana. Se crea muy rápido, por cualquiera con pocos conocimientos, sale muy barato y una sola persona puede fabricar cientos de vídeos cortos. Su único objetivo es acumular clics, visualizaciones e ingresos publicitarios.
«Brain rot» (literalmente «cerebro podrido») describe el efecto de consumir sin parar ese tipo de contenido veloz, fragmentado y sobreestimulante. Suele ser absurdo, irónico y deliberadamente vacío, el reflejo del cansancio de quien vive dentro de un scroll infinito.
Los vídeos de frutas antropomórficas son el ejemplo perfecto de las dos cosas a la vez.
De la tontería viral a algo más serio
Pero debemos estar atentos si nuestros peques están consumiendo este contenido (y nosotros)
Según la investigación de GNET (una red internacional de estudio del extremismo y la tecnología) firmada por analistas del centro ITSTIME de la Universidad Católica de Milán, una parte creciente de estos vídeos ha derivado hacia lo que llaman «fruit/vegetable gore»: frutas y verduras animadas sometidas a escenas de violencia extrema, mutilación y tortura.
Y no se queda solo en violencia genérica. Las investigadoras documentan que algunos de estos vídeos imitan la estética de organizaciones criminales y de ecosistemas extremistas. Un ejemplo que ha recogido la prensa internacional es el de un personaje, la «Carrot Khalifah», que arenga a su «ejército» con una frase calcada de la propaganda del Estado Islámico. Otros clips reproducen imágenes de grupos violentos de extrema derecha. Y muchos son claramente misóginos.
Conviene ser precisas: esto no significa que quienes crean estos vídeos sean militantes de esas organizaciones. En la mayoría de los casos se trata de una imitación de una estética para llamar la atención y ganar visualizaciones. Pero el resultado es que imágenes y discursos violentos acaban circulando con apariencia de broma inofensiva entre los más jóvenes, e incluso peques.
El peligro está en el envoltorio
La clave de por qué esto funciona, y de por qué inquieta, es el contraste. La violencia se presenta con estética «tierna» (insistimos, fea): animación tipo Pixar, colores brillantes, personajes de dibujos. Ese envoltorio amable suaviza la crueldad y hace dos cosas a la vez.
Por un lado, baja la guardia de quien mira, sobre todo de los niños, porque el formato les resulta familiar y no amenazante. Por otro, ayuda a que el contenido esquive los sistemas de moderación de las plataformas: aunque TikTok prohíbe la violencia extrema, un vídeo de zanahorias parece, a primera vista, algo inocente.

Por qué preocupa cuando hay menores delante
Estos vídeos están diseñados milimétricamente para el algoritmo. No exigen ningún esfuerzo mental, dan recompensa constante con escenas inesperadas y encajan a la perfección con el scroll infinito. Son, en palabras de la propia investigación, «trampas de atención».
Y el algoritmo pone fácil que se acaben colando vídeos con fondo más oscuro. al ver mucho contenido de las frutinfieles, el propio algoritmo te va mostrando más y más de este tipo.
El riesgo que señalan las expertas es doble. El primero es la desensibilización: la exposición repetida a la crueldad, aunque sea protagonizada por una berenjena, puede ir normalizando la violencia y hacerla parecer graciosa o incluso divertida de imitar. El segundo tiene que ver con las secciones de comentarios, que a veces funcionan como punto de encuentro donde otros usuarios explican de dónde sale ese contenido y pueden empujar hacia material cada vez más extremo.
Qué podemos hacer en casa
Ninguna de estas ideas pasa por prohibir sin más, porque la prohibición a secas suele empujar el consumo hacia donde no lo vemos. Pero podemos seguir unas pautas que sí funcionen y ayuden.
Hablar antes que vetar. Preguntadles qué vídeos están viendo, sin juzgar. Que os enseñen «el de la fresa» puede ser la mejor puerta de entrada para explicarles después por qué otros vídeos parecidos no son inofensivos.
Explicar la lógica del negocio. Ayuda mucho que entiendan que estos vídeos existen para ganar dinero con su atención, y que «cuanto más bestia, más visualizaciones». Cuando lo ven así, dejan de tragarlo de forma automática.
Explicar cómo funciona el algoritmo. Que tengan claro por qué les salen unos vídeos y no otros y cómo pueden ir «limpiando» el algoritmo para que deje de mostrarles cosas que no les gustan o les incomodan.
Enseñarles a reconocer la IA. Que sepan detectar cuándo algo está generado por inteligencia artificial es hoy una habilidad básica de alfabetización digital, tan importante como saber leer una etiqueta.

Usar las herramientas de control de las plataformas.
TikTok ofrece la Sincronización Familiar, que permite vincular vuestra cuenta con la de vuestro hijo o hija para gestionar tiempo de uso y filtros, y un Modo Restringido que limita el contenido no apto.
Instagram tiene su equivalente: las Cuentas de Adolescente, ya disponibles en España, que se activan de forma automática para los menores, ponen el perfil en privado y restringen el contenido sensible (si tienen menos de 16 años, necesitan vuestro permiso para modificar cualquier ajuste). A eso se suma la Supervisión parental desde el Centro para Familias, que permite vincular cuentas y ver tiempo de uso y temas que explora, y un ajuste de Contenido Limitado más estricto.
En ninguna de las dos redes estas herramientas son infalibles, y de hecho la propia Meta reconoce que aún son pocas las familias que las usan (y lo poco que les interesa a ellos…)
Reportar el contenido. Si os topáis con vídeos de este tipo, denunciadlos dentro de la propia aplicación. La moderación mejora, (seamos realistas, muy en parte), con los avisos de la comunidad.
Los vídeos de frutas con IA nacieron como una moda tonta para monetizar cuentas de redes sociales y en su mayoría siguen siéndolo. Y su único peligro (que no es poco, ni mucho menos), es el robo de tiempo y atención y las horas que pasamos viendo este contenido basura mientras otros ganan dinero con nuestro tiempo. Pero una parte se ha convertido en un canal fácil para colar violencia, e incluso estética extremista, entre el público más joven, aprovechando lo inofensivo que parece todo. La primera línea de defensa, como recuerda la propia investigación, es el conocimiento. Y en casa, ese conocimiento se transmite mejor mirando juntos la pantalla que prohibiéndola.
Fuentes: Insight «Fruit, Vegetable, and Brain Rot: The Use of Generative AI to Produce Violence-Based Viral Trends«, publicado por GNET (Global Network on Extremism and Technology) y firmado por Grazia Ludovica Giardini, Alessandra Pugnana y Eleonora Ristuccia, investigadoras de ITSTIME (Università Cattolica del Sacro Cuore, Milán), 10 de agosto de 2026.
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