Roma en dos días con peques: guía básica para no perderte lo esencial

Roma es una ciudad que hay que intentar ver al menos una vez, pero si vas, querrás epetir. Sobre todo porque es imposible ver todo.

Ahora desde Zaragoza tenemos vuelos directos con Wizzair (En 2026 son los lunes, miércoles y viernes), así que tenemos una excusa para ir. Mucho más cómodo saliendo desde casa. Nosotros acabamos de ir, con los billetes a muy buen precio, ¡45 euros cada trayecto! Id mirando para ver cuando bajan, fue un viaje de últímisima hora al ver las tarifas para unos días que teníamos libres.

Personalmente creo que es la ciudad europea en la que más veces he estado y aún me queda mucho por ver. He ido con y sin niños. Con tus hijos es otra forma de descubrirla y disfrutas mucho viendo como la descubren ellos.

Roma (o al menos para hacernos una idea de lo que representa la capital italiana) se puede ver en un fin de semana si vais con una hoja de ruta clara y aceptáis una premisa: no vais a verlo todo, y no pasa nada. La ciudad es un museo al aire libre, así que buena parte del plan consiste en pasear, levantar la vista, entrar en sitios que vayáis viendo al azar y dejar que los peques descubran fuentes, columnas y gatos por el camino. Cualquier puerta o escalera en Roma es la entrada a algo que hará decir ¡WOW!.

Además Italia en cuestión culinaria es el paraíso hasta para los peques más mal comedores. Pizza, pasta y helados por todas partes. Y mucho pomodoro.

Aquí os dejamos lo imprescindible para dos días, pensado para familias con niños de todas las edades: pequeños, mayores y adolescentes.

Llegar desde el aeropuerto: taxi con tarifa cerrada

Con niños y maletas, la forma de llegar marca el tono del viaje. Hay dos opciones razonables desde Fiumicino que es el aeropuerto donde nos dejan los aviones que vienen desde Zaragoza.

El taxi oficial tiene tarifa fija al centro histórico (dentro de las Murallas Aurelianas): 50 euros de día y 55 de noche, hasta cuatro personas y con el equipaje incluido. Es un precio cerrado, sin sorpresas de taxímetro, y os deja puerta a puerta en el hotel. Si viajáis en familia, repartido, haciendo cuentas, no sale tan caro, y os ahorra transbordos, escaleras y arrastrar maletas con peques cansados. Usad solo los taxis blancos oficiales con el escudo del Ayuntamiento de Roma, y confirmad que aplican la tarifa fija antes de arrancar. Desde Ciampino la tarifa fija ronda los 31 euros.

El tren (Leonardo Express) es la otra alternativa, cómoda de por sí, pero deja en la estación de Termini. Desde ahí todavía tenéis que resolver el trayecto hasta el alojamiento con las maletas, y con niños pequeños ese último tramo puede convertirse en una odisea. Para familias, el taxi suele compensar por comodidad más que por precio.

Aviso importante: el calor de verano

Roma en julio y agosto es dura. Se superan con facilidad los 35 grados y el sol pega sin tregua sobre la piedra. Además es un calor muy húmedo que hace sudar muchísimo. Con peques conviene organizar el día en dos bloques: mañana temprano y última hora de la tarde, dejando las horas centrales para comer, descansar a la sombra o entrar en algún interior fresco.

Aquí entra en juego uno de los detalles más útiles y bonitos de la ciudad: los «nasoni», las fuentes públicas de agua potable repartidas por todo el centro (esos grifos de hierro con forma de nariz). El agua es muy fresca y buena, así que llevad una botella para rellenar. A los niños les encanta buscarlas, y os ahorran comprar agua a cada paso. Gorra, crema y calzado cómodo completan el kit básico.

Día 1: la Roma antigua

Coliseo y Foro Romano. El plato fuerte. El Coliseo entra por los ojos a cualquier edad, y a los peques les gusta imaginar gladiadores y fieras. Justo al lado, el Foro Romano y el Palatino forman el corazón de la Roma antigua. La entrada puede ser conjunta y requiere reservar franja horaria con antelación para el Soliseo, sobre todo en temporada alta. Si andáis muy justos de tiempo o el calor aprieta, el Coliseo por fuera ya impresiona, y se puede rodear buena parte del Foro desde la calle sin entrar.

Nosotros en esta ocasión, que decidimos el viaje con poquito tiepo, ya no conseguimos entradas para Coliseo, solo para el Foro. La iaita al Foro en profundidad ya puede llevar fácil la mañana entera.

Panteón. Uno de los edificios que mejor funcionan con niños, porque el efecto de entrar y mirar hacia arriba, al gran óculo abierto en la cúpula, sorprende a todos. Está en pleno centro, es una parada rápida y encaja bien de camino a otros puntos. Tiene entrada, con acceso gratuito para menores, así que conviene comprobar horarios y condiciones antes de ir. Recomendado comrar online, aunque se puede comprar allí mismo. Se forman colas.

Largo di Torre Argentina y los gatos. Una de las paradas que más gustan a los peques y que casi nadie espera. En esta zona arqueológica hundida sobre el nivel de la calle (donde, por cierto, asesinaron a Julio César) vive una colonia de gatos con su propio refugio. Se pueden ver desde arriba tomando el sol entre las ruinas (en invierno, porque en verano solo los ves a última hora). Parada corta, gratuita y con éxito garantizado entre los más pequeños. Además puedes bajar, con entrada y ver las ruinas de cerca así como dos salas donde te cuentan cómo han ido excavando y lo que han encontrado.

Piazza Navona y las fuentes. No es antigua como tal, pero lo incluimos porque pasaréis mil veces. Esta plaza, presidida por la Fontana dei Quattro Fiumi de Bernini, con sus figuras gigantes que representan cuatro ríos del mundo es de las más visitadas del mundo. Es un buen sitio para un helado, ver a los artistas callejeros y que los niños corran un rato. Y si os queda energía, la Fontana di Trevi está cerca: monumental, siempre llena, y con la tradición de lanzar una moneda de espaldas para volver algún día a Roma. A los peques les hace ilusión. (Si subes al Benetton, a la segunda planta, hay una ventana desde la que hacer una buena foto)

Día 2: el Vaticano y las vistas

Castillo y puente de Sant’Angelo. Empezad cruzando el Ponte Sant’Angelo, el puente peatonal decorado con los ángeles diseñados por Bernini, con el castillo al fondo y el río Tíber a los pies. Es una de las estampas más bonitas de la ciudad y una buena foto de familia. El Castillo Sant’Angelo se puede visitar por dentro (antigua fortaleza y prisión papal, con pasadizos que enganchan a los mayores y adolescentes) o admirar por fuera si vais con el tiempo justo.

Vaticano y Basílica de San Pedro. La plaza de San Pedro impresiona por su tamaño y funciona muy bien con niños, porque hay espacio de sobra. Entrar en la basílica es gratuito, aunque hay control de acceso y colas, y se pide vestimenta respetuosa (hombros y rodillas cubiertos). Reservar acceso con antelación ahorra buena parte de la espera.

Subida a la cúpula. Para quien quiera las mejores vistas de Roma, la cúpula de San Pedro es la opción estrella. Se sube en ascensor hasta la terraza y luego a pie por el tramo final. Un aviso honesto para familias: esa última parte son escaleras estrechas, en cuesta y sin salida intermedia, algo agobiantes con niños muy pequeños o si alguien lleva mal las alturas o los espacios cerrados. Con peques mayores y adolescentes suele ser una experiencia redonda.

Si no hay tiempo, vedlo por fuera

Con dos días es imposible entrar en todo, y tampoco hace falta (lo dejamos para la próxima). Muchos monumentos de Roma se disfrutan también desde la calle: el Coliseo, el Castillo Sant’Angelo o la propia plaza de San Pedro ya son muy espectaculares por fuera. Priorizad una o dos visitas de interior al día (las que de verdad os apetezcan) y dejad el resto para pasear. Con niños, menos suele ser más.

Los mejores miradores

Además de la cúpula del Vaticano, Roma tiene rincones con vistas ideales para hacer una pausa:

  • Terraza del Castillo Sant’Angelo, con una panorámica del río y de la cúpula de San Pedro.
  • Il Vittoriano (el Altar de la Patria, en Piazza Venezia), la entrada es gratuita hasta la terraza superior sin esfuerzo, muy cómodo con peques. Pagando se puede acceder a la zona de las columnas, un poquito más arriba y al museo.
  • Giardino degli Aranci (el Jardín de los Naranjos, en el Aventino), un parque tranquilo con un mirador sobre la ciudad, perfecto para que los niños corran mientras los mayores disfrutan de las vistas.
  • Mirador sobre la Piazza del Popolo. Ya en los jardines Borguese. Además e parque yendo con niños es buena opción de parada. Hay lago con barcas, sombras, terrazas y columpios. La única pega es que ya está un poquito más lejos del centro centro.

Roma con peques según la edad

Niños pequeños. Priorizad el aire libre, los helados y las paradas cortas. Buscar nasoni, ver los gatos de Torre Argentina, lanzar la moneda en Trevi y correr por Piazza Navona o el Jardín de los Naranjos les rinde más que cualquier interior. Ritmo tranquilo y siesta a mediodía. Y si son muy pequeños, yo en una visita anterior me patée todo con el niño en mochila durmiendo tan ricamente… (tema carros en Roma mejor que no, mucho adoquin, escalera y demás)

Niños mayores. Ya conectan con las historias. El Coliseo, el Foro y los pasadizos del Castillo Sant’Angelo funcionan muy bien si les contáis qué pasaba allí. La subida a la cúpula se convierte en un reto divertido.

Adolescentes. Dadles protagonismo con el mapa y la cámara. El interior del Coliseo, la cúpula del Vaticano, las vistas desde los miradores y el ambiente de las plazas al atardecer suelen ser lo que más recuerdan. Un buen momento para dejarles elegir alguna parada. Y restaurante!!

Importante, casi todos los monumentos que son con entrada son gratis hasta los 18 años. Así que los peques entran gratis.

Otros rincones


Dos días dan para lo esencial si aceptáis que Roma se saborea despacio. Con una buena hoja de ruta, sombra a mediodía y una botella para los nasoni, la Ciudad Eterna se disfruta a cualquier edad.

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