Redes sociales e infancia

Parece que llegan buenas noticias con el anuncio de Von der Leyen sobre la futura Kids Act europea. Se ha hablado mucho del qué (nada de redes antes de los 13, ninguna cuenta personal antes de los 15, algo es algo) pero algo a remarcar es que cada vez se habla claro sobre lo que estas plataformas realmente son.

Las redes sociales están diseñadas para robarnos tiempo y atención, y eso no es un efecto secundario ni un mal uso: es exactamente el negocio. Lo que estas empresas venden, con lo que comercian, es nuestro tiempo y nuestros datos, y para conseguirlo llevan años perfeccionando trampas como el scroll infinito, el autoplay o el vídeo que engancha detrás de otro que no aporta absolutamente nada. Siempre incitándonos a ver si el siguiente es mejor. Están hechas para que no sueltes el móvil, y lo consiguen.

A los adultos ya nos cuesta resistirnos, así que pedirle lo mismo a un niño de once años, con el cerebro todavía en formación es ponerlo a competir en desventaja contra algunas de las empresas más poderosas del mundo. Y las consecuencias las vemos todos los días: pérdida de concentración, ansiedad, horas perdidas de juego o de lectura o de no hacer nada!!, un impacto en salud mental que ya no podemos ignorar.

Esto que ahora propone Europa es un cambio sobre las responsabilidades, que hasta ahora parecía que recaía entera en las familias, que teníamos que vigilar, configurar y pelear solas contra un producto pensado para engancharnos. La propuesta le da la vuelta a eso y serán las plataformas las que tengan que demostrar que son seguras para los menores, y no al revés.

Dicho esto, todavía se queda corto. Además es una propuesta, no una ley: tiene que pasar por los 27 Estados miembros y puede tardar años. Esta generación de nños ya no lo verá. Francia ya intentó prohibir las redes a menores de 15 y su Tribunal Constitucional lo tumbó, así que ya veremos…

Así que, hoy por hoy, el acompañamiento sigue siendo cosa de las familias, pero acompañar no es solo prohibirm hay que educar en la correcta utilización. Un buen uso cambia por completo la experiencia.

El algoritmo no es un destino inevitable, aprende de lo que consumes, y eso significa que podemos reeducarlo (aunque cuesta). Hay que enseñarles a limpiar el feed y revisar bien a quién siguen, y a ser críticos con lo que ven. Porque en las redes está lo peor pero también hay contenido buenísimo que enseña, inspira y aporta cosas.

No es estar en contra de la tecnología, pero sí hay que entender que un producto diseñado para ser adictivo no puede estar al alcance de un niño simplemente porque no interesa impedirlo.

Link a la nota de prensa de la ley KIDS de la UE

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