Granja-Escuela La Torre: un lugar en el que aprender y disfrutar de la naturaleza

Como persona criada en un pueblo con hijos de ciudad, hay veces que siento que mis peques están un poco desconectados de la naturaleza. Por esta razón, la visita a la granja de Granja-Escuela La Torre nos pareció un plan perfecto para pasar una mañana diferente rodeados de animales y aprendiendo muchas cosas sobre ellos.

Comenzamos la visita dando de comer a los patos y a las ocas. Ahí, la granjera Mónica nos enseñó a diferenciar a los patos de las patas, explicó por qué eran mudos y nos contó que las ocas también se usaban para proteger las fincas, porque eran auténticas alarmas antirrobo. Lo que más le gustó a mi chico pequeño fue darles de comer maíz morado, un alimento elegido especialmente en esta granja porque es más nutritivo que el amarillo que conocemos normalmente.

De ahí pasamos a ver a las perdices y codornices y a descubrir diferentes tipos de huevos. Había algunos muy pequeños y… ¡otros gigantes! ¿Sabíais que un huevo de oca llega a costar 4,5 € en el mercado? Ya pueden estar buenas esas tortillas…

Como los peques estaban haciendo mucho caso a las instrucciones que nos daba la granjera, nos dejó pasar a la zona de los mamíferos. En este punto de la visita nos sentamos a descansar bajo una higuera y conocimos a los perros de la granja. Eran canes de chira, una raza de perro pastor del Pirineo y Prepirineo aragonés que no podía ser más amoroso. Se dejó acariciar por todos los peques y parecía encantado de recibir tantas atenciones.

Yo tengo un chico al que le dan un poco de miedo los perros y le costó acercarse, pero al verlo tan simpático y tranquilo se atrevió a estar a su lado. Eso estuvo bien porque, a partir de ahí, mi pequeño se metió completamente en el papel de granjero con el resto de animales.

Mis chicos disfrutaron dando de comer alfalfa a las ovejas y a las cabras. Les hizo mucha gracia ver cómo una de las cabras más jóvenes se asomaba a la valla para que no se nos olvidara darle también a ella.

Ahí ya les tenía tan envalentonados que no dudaron en seguir las instrucciones de Mónica para alimentar a los burros y… ¡a las vacas gigantes de la granja! De verdad, esas vacas son enormes pero, al mismo tiempo, son tan tranquilas que daba gusto darles de comer. Mi mayor se llevó un buen lametón de vaca en todo el brazo y estaba encantado. De verdad que fue un gusto verle interactuar con los animales porque estaba feliz y disfrutando de cada momento.

Al salir de esa zona nos llevaron a ver gallinas, pollitos y conejos. Nos dejaron acariciar a una de las gallinas e, incluso, que los papás y las mamás cogiéramos un conejito para que pudiéramos verlo de cerca y sentir lo suave que es su pelaje. Aquí tengo que confesar que tal vez tendríamos que haberle explicado mejor las cosas al peque de 2 años, porque el pobre pensaba que el conejo era un regalo para nosotros y… no. Ese conejito tenía que estar en la granja con sus hermanitos.

Aplacado el llanto del pequeño, nos asomamos todos juntos a ver una cerda enorme y a terminar la visita conociendo a los pavos y los gallos.

Antes de irnos, nos lavamos todos las manos y despedimos a Mónica, nuestra gran guía a través de la granja.

Sinceramente, fue una mañana muy entretenida y a mí, personalmente, me hizo muy feliz ver a mis chicos descubriendo la fauna de la granja, aprendiendo a respetar a los animales y dándoles de comer con cariño. Os animo totalmente a reservar una de sus visitas y, si ya la habéis hecho, a mirar el calendario de actividades porque tienen muchas y muy variadas para vivir experiencias divertidas y diferentes que rompan la rutina de la vida en la ciudad.

Dónde

Granja Escuela La Torre, Camino de la Marina nº 25 (50.0011) Carretera del aeropuerto.

Tfno  656 87 30 70

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