[Excursiones] Subida a los ibones de Anayet, con peques.

A 2h. desde Zaragoza, 2h45 de caminata. Texto e imágenes de nuestra colaboradora Silvia Lanuza

La excursión de hoy en una clásica e imprescindible para cualquier familia y grupo de amigos que los zaragozanos deberíamos hacer: conocer los ibones del Pirineo. Nosotros elegimos subir allí donde ascienden los esquiadores en Formigal, a más de 2.200 mts: a los ibones de Anayet.

El lugar, liberado de la nieve invernal , es el de fácil y transitado acceso cualquier día entre mayo y octubre. Es una agradable caminata que forma parte del GR-11 la Senda Pirenaica que recorre los Pirineos desde el Cantábrico al Mediterráneo en 800kms. Es verdad que echamos en falta alguna señal roja y blanca más en el camino, le falta señalización pero está tan tan transitada que no hay pérdida.

excursión a los ibones de AnayetDesde Zaragoza al aparcamiento del “Corral de las Mulas”, 3kms arriba del pueblo de Formigal, son unas 2h. incluyendo parada técnica infantil, claro. Mejor llevar bastones, bien de crema solar y agua para el camino. El primer tramo es por pista asfaltada, 35min. de pista algo aburrida así que lo recomendable es mirar el paisaje y descubrir alguna marmota, por ejemplo. Así se llega a la infraestructura de estación de esquí, y a partir de aquí el camino es una senda verde, que cruza el riachuelo numerosas veces para seguir después siempre con el riachuelo a la izquierda: unos 40min. En mayo todavía hay mucha agua de deshielo y el suelo está encharcado en algunas zonas, con tantos saltos el camino se hace más entretenido. Ese riachuelo luego se convierte en el río Gállego que lleva sus aguas hasta el Ebro ya en la ciudad de Zaragoza.

El ascenso es constante ya que el desnivel son más de 600mts y la subida puede hacerse algo larga: 1h15min. más de subida hasta los ibones a paso de niños de 6 años con múltiples paradas, mojarnos las piernas y descansar y beber agua y comer unas mandarinas. Para alegrar el recorrido hay que narrar la leyenda de Culibillas y a partir de aquí los peques andarán como locos buscando hormigas blancas el resto del camino. La leyenda dice que en estos parajes vivía una niña muy guapa llamada Culibillas, hija de los dioses Anayet y Arafita. Mientras sus padres trabajaban en el campo, ella disfrutaba jugando en este paisaje y con los sarrios, marmotas y sobre todo con sus mejores amigas: las hormigas blancas. En esta chica se fijó en gran y poderoso dios Balaitus, que siempre conseguía todo lo que se proponía, y ese día se propuso raptar a Culibillas. Aquel pensamiento llegó a oídos de la hormiga blanca Formiguilla, que rápidamente reunió a todas las hormigas para ver cómo podían salvar a Culibillas. La niña estaba tumbada y dormida sobre la hierba, las hormigas no sabían cómo protegerla y se les ocurrió cubrirla como si fueran una manta, una gran y reluciente manta blanca. Balaitus la buscó y buscó pero no hallaba a la niña, y se enfureció como nunca, comenzó a dar patadas y pisotear a las hormigas gruñendo. Con este estruendo Culibillas despertó y vio que muchas de sus amigas habían quedado aplastadas. Para salvar al resto, Culibillas se abrió el pecho para cobijarlas. Así el cuerpo de la niña se convirtió en una bella montaña horadada: Peña Foratata, donde se cobijaron todas las hormigas blancas. Desde entonces nunca más se vieron hormigas blancas en el lugar. Pero sí el pueblo que conocemos les dedicó su nombre: Formigal.

Con la historia llegamos cerca de la cascada, siempre el río a la izquierda y la cascada también, lo que significa que estamos ya muy cerca de los ibones. Durante el camino hay que parar a refrescarse por dentro y por fuera, no hay sombras ya que estamos muy altos. El agüita corriente alegra el ascenso. Y así llegamos a los bellos y placenteros ibones, tras 2h45 de haber aparcado el coche y caminando con mucha tranquilidad.

al anayetA principios de mayo encontramos bastante nieve y no pudimos recorrer los 3 ibones que hay, pero es visita casi obligada visitar los tres, el más alejado os ofrecerá una vista espectacular desde lo alto del valle del Aragón-Canfranc. La postal es preciosa, y con suerte podéis ver caballos pastando.

Los ibones son lagos que acumulan agua del deshielo. El paisaje es verde claro y el suelo plano planísimo. Podéis comer aquí arriba, y siempre hay que recoger todos los restos. Durante la comida os invito a contar historias de las lamias, esos seres mágicos mitad animal mitad mujer que viven cerca del agua y de los ibones. Algunas veces las lamias salvaban a los hombres, y otras los engatusaban.

con peques a los ibonesDespués de comer y del merecido reposo, emprendimos el descenso que nos llevó 1h30 hasta la estación de esquí y 25 minutos más por la pista asfaltada hasta el coche. El camino de regreso es desandar, cuesta abajo es sencillo y además vimos muchos animalillos, marmotas, tritones y pájaros que no supimos identificar, y muchas flores de arnica, con la que se elabora la famosa barrita azul para calmar los golpes de los peques. Aunque mi solución para esto y más es la miel: manodesanto en los chichones, moratones, arañazos y raspones. La miel es una excelente antiséptica y cicatrizante, además de curar los labios agrietados. Yo siempre llevo miel en la mochila, en un botecito de esos de mermelada de los desayunos de los hoteles, ;). Por contra, nunca llevo perfume ya que algunos insectos se ponen muy pesados con los olores y te pueden amargar un maravilloso recorrido.

ibon de anayetLo dicho: perfecta excursión para ir con críos a partir de 6-7 años. La corriente de agua constante anima el camino, no hay árboles pero nos podemos refrescar a lo largo de todo el camino. Recomendable para todos los públicos, deportistas de montaña, grupos de abuelos activos y familias con perros acostumbrados a pasear por el monte.